
Huamantla se ha convertido en una auténtica boca del lobo. Lo que prometía ser una estancia memorable durante la emblemática celebración de «La Noche que Nadie Duerme» —la tradicional y masiva festividad en honor a la Virgen de la Caridad celebrada cada 14 de agosto— se transformó en una pesadilla de violencia e inseguridad absoluta. Turistas y visitantes que acudieron a presenciar los majestuosos tapetes de aserrín fueron salvajemente atacados en un asalto que deja al descubierto la profunda podredumbre que corroe a este municipio tlaxcalteca.
No estamos hablando de un incidente aislado, sino de una prueba más de que la paz en Huamantla es una trágica ilusión. Las víctimas, aterrorizadas, terminaron denunciando los hechos ante la Fiscalía, pero el daño ya estaba hecho: un joven fue brutalmente agredido con descargas eléctricas en plena vía pública. ¿Acaso este es el «recuerdo» que las autoridades pretenden ofrecer a quienes impulsan el turismo y la economía local bajo el amparo de sus tradiciones?
Mientras la ciudadanía y los devotos viven bajo el yugo del miedo y la delincuencia opera con total impunidad aprovechando las festividades, las acusaciones no se hacen esperar. El dedo señalan directamente a la gestión de Fabián Cruz Teniza, a quien la población reprocha estar más ocupado en supuestas extorsiones que en garantizar la seguridad básica de los habitantes y de los miles de turistas que llegan a la región.
La pregunta que resuena con indignación en las calles es clara: ¿Hasta cuándo? Es inaceptable que la autoridad sea omisa ante una ola de crímenes que desangra la reputación y la paz social de Huamantla, manchando una festividad milenaria. ¡Exigimos resultados, no excusas! ¡Huamantla no puede seguir siendo tierra de nadie!
