domingo, junio 7El agua miel de la Información

El Cártel de la Secretaría del Trabajo: Mapaches de Lorena Operan Fraude en Teolocholco

Bajo las órdenes de Lorena Cuéllar, Noé Altamirano, Javier Potrero y Ángeles Mendoza secuestran recursos públicos para imponer al delfín estatal.

Por Pepito Tlachiquero

Mientras la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros miente con un cinismo que insulta la inteligencia ciudadana, declarando apenas ayer ante los medios que ella «no se mete en el proceso electoral de su partido Morena en Tlaxcala», sus lacayos la desmienten en los hechos con una operatividad criminal. En estos momentos en San Luis Teolocholco, la realidad es una bofetada a sus palabras: el «trío de mapaches» integrado por Noé Altamirano(Secretario del Trabajo y Competitividad), Javier Potrero Tizamitl (ICATLAX) y Ángeles Mendoza (SNE), mantiene un despliegue en el municipio levantando “encuestas a modo”, en horario laboral, para imponer a toda costa a su delfín, Alfonso Sánchez.

No es una sospecha; es un delito a plena luz del día. En horario laboral, personal de estas dependencias —pagado con los impuestos de los tlaxcaltecas— se dedica a levantar «encuestas sesagadas», violentando leyes y reglamentos electorales con total impunidad. La traición es profunda: este trío de operadores tiene acceso ilegal a la base de datos del Gobierno del Estado, utilizando información confidencial para alimentar su maquinaria de coacción y asegurar la imposición de la mandataria.

El hartazgo social ha llegado al límite. La población está asqueada de ver cómo los recursos destinados al empleo y la competitividad se desvían para satisfacer los caprichos sucesorios de la gobernadora. Mientras este gabinete de lacayos prostituye el servicio público, las autoridades electorales —omisas, ignorantes y cómplices— prefieren mirar hacia otro lado ante este fraude a cielo abierto.

Noé Altamirano, Javier Potrero y Ángeles Mendoza son el rostro de la degradación política. Han convertido sus oficinas en búnkeres electorales, demostrando que, en el Tlaxcala de Lorena Cuéllar, la palabra de la gobernadora no vale nada frente a su ambición de control absoluto.

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