Por el Delfín Ahogado.
Huamantla, Tlaxcala, fue escenario este fin de semana de un hecho histórico para el estado y para México: la presidenta Claudia Sheinbaum inauguró el primer Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar (PODECOBI), pionero de los 15 que contempla el Plan México. Con una inversión privada de 540 millones de dólares en 53 hectáreas, el proyecto generará más de 5 mil empleos directos e indirectos en sectores como la industria automotriz, alimenticia y metalmecánica. Por primera vez, Tlaxcala se coloca en la vanguardia nacional rompiendo el viejo esquema de concentrar el desarrollo en el norte y el Bajío, con un modelo que integra viviendas, escuelas y centros de salud para que el crecimiento signifique bienestar real y no solo cifras.
Pero no todo fue solemnidad. En medio del evento apareció el alcalde de la capital, Alfonso Sánchez García, el delfín oficial de la gobernadora Lorena Cuéllar. Impulsado por la desesperación de quien ve que su futuro político se le escapa, el edil abandonó su lugar en las primeras filas y se lanzó a romper el cerco del Estado Mayor Presidencial. Quería su foto con Sheinbaum. Quería la imagen que luego inflaría en redes para venderse como el consentido de la mandataria y blindar, a cualquier costo, su candidatura a la gubernatura de 2027.
No lo logró. Los elementos de seguridad lo detuvieron en seco. Ni a diez metros llegó. Ante la mirada atónita de alcaldes, legisladores y la clase política local, el “delfín” se quedó ahí, con la cara roja, los tics en los ojos más pronunciados que nunca y la humillación pintada en la frente. Mientras algunos disimulaban la risa, otros simplemente apartaban la vista. El oso fue épico.
¿Qué lo movió a semejante ridículo? La misma mezcla de pánico y ambición que comparte con su madrina Cuéllar: el temor a que llegue otro, u otra, morenista a la gubernatura que no sea de su agrado, la certeza de que alguien revisará las cuentas del dinero público que, casualmente, ya no cuadran, y la angustia de ver cómo se diluye la millonaria inversión de su prematura campaña.
Porque, al final, el Polo de Huamantla es un triunfo de México y Tlaxcala… pero para Sánchez García solo fue el escenario perfecto para demostrar que, cuando la desesperación manda, hasta un delfín termina varado en tierra firme. Y bien ridículo.
Humillado pero no rendido, Sánchez García tuvo que recurrir a urgir en su galería fotográfica de hace tiempo y publicar desesperadamente, en todas sus redes sociales personales y en las que paga, una vieja fotografía con la presidenta. Un burdo intento de “control de daños” para no “desaprovechar” la ocasión. Mientras tanto, otra aspirante más moderada en su perfil sí se reunió con Sheinbaum y logró la tan anhelada imagen con la mujer más poderosa de México. La diferencia entre quien construye con paciencia y quien fuerza el destino a base de ridículos quedó, una vez más, expuesta en las redes.

